lunes, 26 de diciembre de 2016

Santiago.

Tenemos que hablar.

No sé si me gustas o me acostumbré a vos. Tú, frío y temperamental. Yo, y mi témpera mental.

Santiago, la voz que sube cuando no se escucha, y estás sordo de sirenas y bocinas Y en tus manos veo las puertas que conducen al vacío
al río
a la promesa de habla inglesa, Al Santo Grial de clase media, De paté y de marraqueta.

Santiago, bajo tu voz de megáfono y baliza, de tus carnet a la pared, soy la voz de las voces ahogadas, Y el lápiz de los lápices quebrados.
Soy, Santiago, cada guerra imaginaria
la rebelión de todas las moscas
todas las rayas en el agua
El debate de cada sordomudo
los desamores de todas las nubes
El tango que baila cada pañuelo de humo La Mancha de todas tus murallas
Las luces que olvidaste apagar
Y las últimas estrellas que te miran por la noche.

Y casi todas las noches.

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