Tengo miedo de las noches, de todas ellas.
Las estrelladas y las ciegas, las sordas y las que gritan balas y llantos.
La que cubre la luz como una oleada de cuervos inefables, las que acallan las miradas y las calles, los caminos y las plantas.
Las cómplices de los demonios y los gatos, las arañas y los murciélagos, del sueño y el engaño, los sueños y los miedos.
No es ortodoxo predicar en voz alta el miedo, supongo que para eso hay psiquiatras y manicomios, pero decían que valiente no es quien teme, sino quien camina mientras teme.
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