Había un brillo en tus ojos. Un brillo suave, como un maullido, como una vela, oculto y cálido como aquel rincón de mi pieza.
No era fácil de encontrar, por su naturaleza esquiva, y al mismo tiempo inolvidable, también por éste principio.
No era una hacienda, pero siempre cobijó a quienes lo encontrasen, y el invierno es muy crudo - sabes?
Perdona si cierro los ojos, es para no buscarlos por la noche.
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