Entonces el despertador sonó maniático a las ocho, cada músculo de mi cuerpo me rogó desobedecer, los dedos de los pies se enredaban entre las sábanas con maña. Finalmente decidí levantarme y meterme a la ducha.
Te apareces en la cocina, entonces camino al baño. Me saco la ropa para bañarme, pero escucho que te ríes por el peíto que me tiré, entonces prendo la ducha fuerte.
Cuando termino de vestirme y comer, no te has aparecido, entonces pienso que al fin estoy curado, pero no es que desapareces sino hasta el metro, cuando escucho nuevamente tu voz, entonces conecto audífonos y escucho música lenta.
El tiempo en el trabajo desaparece, me sumerjo en un océano cósmico de tinta y corchetes. Una gata en la ventana me maulla, le hago cariño, me das un beso de sorpresa, vuelvo a zambullirme, trato de ignorante.
Camino de vuelta, te pregunto cómo te fue, imagino que te fue bien, siento cómo me tocas la mano, me la meto al bolsillo y pongo música de nuevo, algo más violento quizá.
En la casa me hundo en el sillón, la guitarra, los pitos y los Simpson me distraen de tu presencia hasta que me da sueño, me acuesto y me abrazas la espalda, siento pena, se me aprieta el pecho, entonces trato de concentrarme en todo lo que hice hoy, hay que dormir un poco.
Entonces el despertador sonó maniático a las ocho, cada músculo de mi cuerpo me rogó desobedecer...
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