Era de mañana, pero aún parecía de noche, especialmente por la tartamudez de su llovizna.
El semáforo se demoraba en convencerme de que no era daltónico, y cayó justo cuando pasaba ese auto negro, aunque eso no lo ví bien... Y ahí ocurrió; bien pudo ser una mariposa, mas fue la primera carta del invierno, del esqueleto de algún álamo que no alcancé a conocer.
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