Y, qué quieres que te diga?
me acostumbré a extrañarte.
como me acostumbré a la ciudad,
a los ladridos nocturnos de los autos.
a las luces de rapiña.
me acostumbré a tu ausencia.
a tu fantasmal martilleo en el plexo.
a tus palabras y canciones.
como el hijo se acostumbra a las promesas del
padre alcohólico
me acostumbré a tu silencio.
a tus palabras que no son palabras
a tus canciones que no son canciones.
a seguir tu sombra... que no es sombra.
como las de la ciudad!
con sus ladridos y rapiñas.
y martilleos fantasmales.
y tu sombra.
tu maldita...
escurridiza...
y lúgubremente luminosa sombra, que no es
sombra.
Lo orgánico en el tacho de lo orgánico, el vidrio con el vidrio, el plástico con el plástico, las palabras, aquí.
sábado, 23 de junio de 2018
Minerva
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