sábado, 4 de junio de 2022

17

Veo
La tristeza de un vaso lleno
Dieciséis pies que se arrastran 
Al ritmo de una caja que tiembla de sordera
Palabras que no existirán hasta la mirada de medusa
Dónde habrá ritmo por martillo y cajón
Veo, entonces
Vasos que dejan ver  hielos
Dedos marcados por la sed
El dibujo de los codos en todos los mesones
La insoportable sensación de que el fin se acerca
Aunque sea a horas, días años o vidas prestadas.
Ver un ángel que no era.

Vi un ángel hace algunas noches
Creí haber visto un animal
Caminó lentamente hacia mí laurasia
Pensé que iba a susurrarme
Desapareció con el hambre y la borrachera.

Me dejó prestado al mundo, a la calma insoportable
De saber que el fin se acerca
Aunque sea a horas, minutos, segundos o suspiros
Ahí lo vi, roto y majestuoso
Con las plumas cochinas y los ojos rojos
Con las uñas negras y los dientes amarillos
Incoherente, insoportable
Con el fin en la vaina
Sin segundos, horas o días
Insoportable
Sin préstamos calmos
Sin animales ni dedos marcados
Solo un ángel
Que desapareció como el vapor del té tibio

Veo
Sílabas incoherentes
Dedos marcados por plumas
Préstamos de piedras grabadas 
Esperando un cuerpo que tapar

domingo, 1 de mayo de 2022

Soy

 Ese paréntesis

Entre el certificado de nacimiento

y la fecha de expiración.

La gran pregunta.

La que se hacen los astrónomos, presidentes y poetas en crisis es:

¿Debería guardarme estas palabras, o arrojarlas a la tormenta y esperar que traigan mejores palabras?

Una vez, un viejo muerto me charcheteó en su máquina del tiempo.
Dijo que había que escribir como si fuese un volcán en erupción
como si las palabras se escurrieran a la fuerza como un vómito de mala borrachera.
Y que era la única forma de hacerlo.

Y aquí estoy, tirando del arado un montón de códigos que se iban a perder en el concho de otra lata, otra vez.

Una vez, un hermitaño vivo me charcheteó en su máquina léxica.
Dijo que escribir no era lo mismo que teclear, que escribir es puño y letra, y corazón.

Y aquí estoy, charcheteando cien botones con garabatos lógicos, con un concho de corazón que se iba a perder.

Como el astrónomo del que nunca hablé.

¿Soy más la lata o el charcheteado que charchetea botones con garabatos lógicos?

miércoles, 20 de abril de 2022

doomed

Y ahora ¿qué?
Dibujar círculos de vidrio en mesas de cadáveres que aún no están ahí.
Aburrir algún amigo con navajas léxicas.
Acostarse a mirar el techo y esperar a que pegue o que algo suceda
no sé, caiga un meteorito y haga mierda el mundo
Escribir de lo mismo, con otras palabras.
Darle al ticket antes de borrarlo
Pensar, con un concho bailando entre los dedos.
¿Y para qué?

lunes, 3 de enero de 2022

Tigre

 

El Tigre viejo
Derrotado como una vela usada
Mira desde la mesa, llena de vicios.
Abre los párpados contra su voluntad
Sujeta un vaso de veneno espumante
Vuelve a sonreír, soñando que tiene garras.

El Tigre viejo
Pudo hacer el arte de la guerra
Calculó cada vuelo Salvador del ave desdichada
El aleteo ratonil de todo reptil cuidando sus cromosomas

El Tigre viejo mira desde una pradera desde la que no volverá a emboscar
Con ojos de luna y fuego que no derramarán el alma líquida de la víctima
El Tigre viejo
Mirará voyeurista
Y morirá en la soledad del sueño y del hambre.

jueves, 18 de noviembre de 2021

After

 otra noche que dejó de ser noche

en un abrir y cerrar de ojos

de dos despertadores, tan distintos

tan distantes

que me acuesto, lleno de vicios

en una cama que, ahora menos que nunca, es mía.


El amanecer es un romántico recuerdo del tecleo antes de dormir

dónde los grillos aúllan a la luna roja

La que devora cielos y envalentona a todos los girasoles

Mientras los pobres diez-mados dedos martillan jeroglíficos modernos

Raconteando los amaneceres púrpuras cardiólogos

que se extrañan a las once y veinte

con una lata llamada Bobby, o Rex

que me acompañará hasta este trayecto a cama.

lunes, 8 de noviembre de 2021

Cuidado Intensivo

Ya nada importa tanto

Los buses pasan sobre el reloj que tengo en la almohada

Revolcarse en la inmundicia de todos los fluidos, con la hormiga esperanza de rescatar algo

Quizás un beso que se le quedó entre los trapos que llamo sábanas

quizás para regresarme 10 años y 15 kilos.

Mas, ya nada importa tanto.

Ni siquiera pedorrearme en la mesa

rebalsando gente interesante 

a la que no debería defraudar

Esa mesa pudo haber sido un maestro

De Varillas a la muñeca

Yo podría haber llorado en matemáticas

Pero la verdad

Tampoco importaba tanto.