Puedo, con el poder de un juicio
Invitar a las palabras esperadas
Violentas como el salario mínimo
O bien dulces como el perdón
Para ametrallar con mi repudio
A la piedra de Sísifo
De las cuarenta mil horas semanales.
Todo para roer un pan en las noches
Con sabor a lágrimas de tedio
Y la infinita cuenta del agua
Qué es un techo, si no una plaza con ventanas!
Cuando cae la noche
Y el músculo grita por las sábanas
El techo habla de las cosas más extrañas.
Mas toda la violencia
De los techos y las plazas
Se disipa con estruendo
Con el rugir de la mañana
Contra ese deseo infame
De asfixiarme con las sábanas
Y las cuarenta mil horas semanales!