Pero tu tiempo siempre fue otoño, porque me encantaba el otoño.
Me encantaba verte acostada de pie, con los tonos rojizos y marrones que sólo entrega el otoño con el que te miro.
Porque el otoño que cabe en las hojas caducas, es el que intento calzar en las pobres palabras que marchito, que triste ofrenda.
Yo te miro siempre, desde lejos y Desde cerca, y no entiendo por qué no caigo a tus pies, punks, a preguntarte por tu día o tu música favorita, y tus pies también son un jardín de primavera que florece en invierno, y también en verano.
Intento acercarme con palabras compradas, pero tú ya tenías esas palabras.
Mi jardín no tiene nada para ofrecerte, pero tú tenías el otoño en los labios, y también el verano y el invierno secreto, porque también eras la primavera.
Yo sólo tengo semillas que, también son sueños, y que sueñan con crecer entre tus dedos.
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